La miel ha sido una imagen recurrente en la literatura desde la antigüedad. En la Biblia, se la describe como una delicia dulce y abundante, y se la asocia con la prosperidad y la abundancia. En el Cantar de los Cantares, el amor es comparado con la miel: «Tu boca es un manantial de miel, oh esposa mía» (Cantares 4:11).
En la literatura grecolatina, la miel es un símbolo de plenitud y fertilidad. En la obra de Homero, La Ilíada, se describe a la miel como un «don divino». En la obra de Virgilio, Las Geórgicas, se la asocia con la producción agrícola y el bienestar de los campesinos.
En la literatura romántica, la miel se utiliza como metáfora del amor dulce y apasionado. En la obra de Shakespeare, Romeo y Julieta, Romeo le dice a Julieta: «Tus labios son dos gotas de miel, Dulce Julieta, tan dulces que me hacen olvidar que mi nombre es Romeo».
En la literatura moderna, la miel también es utilizada como un símbolo de dulzura y bondad. En la obra de Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas, Alicia se encuentra con una abeja que le ofrece miel y le dice: «Si quieres, puedes tomar un poco de miel, pero cuidado, no te pongas demasiado».